6. ¿Son peligrosas las vacunas?
Hemos visto que la preparación de las vacunas sigue los estándares de seguridad más rigurosos, sí, incluso de del COVID19, pero, aun así, hay gente que sigue siendo reticente a confiar en ellas. Sin embargo, no hay ninguna razón para desconfiar, ya que existen evidencias científicas suficientes que desmienten cualquier relación de las vacunas con cualquier efecto secundario grave. Uno de los argumentos más comunes de los denominados antivacunas es que las vacunas causan autismo. Pues bien, investigaciones exhaustivas sobre el tema no han encontrado ninguna relación entre las vacunas y el autismo.
En un estudio famoso sobre esta temática fue llevado a cabo por investigadores daneses que registraron el estado de vacunación de la triple vírica de más de 650.000 niños nacidos en el país entre 1999 y 2010. Combinaron esa ingente cantidad de datos sobre la vacuna triple vírica con datos sobre los diagnósticos de trastornos del espectro autista y el resultado, al analizar esta enorme muestra, fue claro y contundente: no encontraron diferencias en la incidencia del autismo entre niños vacunados y no vacunados (A. Hviid et al. Ann. Intern. Med. 170, 513–520; 2019). Al margen de este estudio, existen multitud de otros estudios que corroboran esto.
En otro artículo de investigadores americanos del año 2021 se revisaron 338 trabajos sobre vacunas para niños, adultos y embarazadas (Vaccine, Volume 39, Issue 28, 23 June 2021, Pages 3696-3716). Sus resultados indican que la vacuna triple vírica (MMR) no aumenta el riesgo de autismo y que la única consecuencia asociada son episodios de fiebre que no revisten gravedad alguna a los pocos días. Tampoco encontraron evidencias de un aumento de la invaginación intestinal (trastorno grave e inusual que se produce cuando una parte del intestino se desliza dentro de otra parte adyacente. La intususcepción es la causa más común de obstrucción intestinal en niños menores de 3 años. Se desconoce la causa de la mayoría de los casos de intususcepción en niños) o de la diabetes después de administrar la vacuna del rotavirus (El rotavirus es un virus muy contagioso que causa diarrea). Concluyeron también que no hay evidencia de un mayor riesgo o una evidencia insuficiente de efectos secundarios adversos de las vacunas más recientes, como las vacunas monovalentes contra el virus del papiloma humano y la vacuna contra el meningococo B. En adultos, no se observó evidencia de un mayor riesgo o evidencia insuficiente de efectos secundarios adversos de la nueva vacuna antigripal y la vacuna contra el herpes zóster. Tampoco hay evidencia de un mayor riesgo de efectos adversos en mujeres embarazadas tras la vacunación contra el tétanos, la difteria y la tos ferina acelular, incluyendo la muerte fetal intrauterina.
Otro estudio publicado en prestigiosa revista medida “The Lancet Infectious Diseases” (Lancet Infect Dis 2020; 20: e80–89) actualizó la información sobre la evidencia científica que apoya posibles asociaciones causales entre los llamados “eventos adversos tras la vacunación” y las vacunas, datos que fueron recopilados en el informe de 2012 del Instituto de Medicina y el informe de 2014 de la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Sanitaria, ambas instituciones de EE. UU. Este estudio concluyó que en 12 de los 46 “eventos adversos tras la vacunación” se pudo encontrar una relación causa-efecto con la administración de la alguna vacuna. Algunos de estos efectos adversos, como la anafilaxia (reacción alérgica a la vacuna), la artralgia (dolor en las articulaciones), la artritis (inflamación de las articulaciones), la bursitis deltoidea (inflamación de la bursa, que es una pequeña bolsa llena de líquido que actúa como amortiguador entre los músculos, tendones y huesos alrededor de las articulaciones. que se encuentra entre el hueso acromion y el músculo deltoides, en la parte superior del hombro por administración incorrecta), las convulsiones febriles (convulsiones que normalmente afectan a niños de entre 6 meses y 5 años durante procesos febriles que son benignas y no revisten gravedad) o los síncopes (pérdida súbita y breve de la consciencia con ausencia de tono postural seguida de recuperación espontánea), que son ya de por si muy leves y bastante comunes tras la vacunación en general, son transitorios y no revisten mayor gravedad. Otros como la encefalitis (inflamación del cerebro), la varicela diseminada (es una complicación de la varicela que ocurre cuando el virus de la varicela-zoster se extiende más allá de la piel y afecta órganos internos), el síndrome de Guillain-Barré (afección en la cual el sistema inmunitario del cuerpo ataca los nervios), la púrpura trombocitopénica inmune (trastorno en el cual el sistema inmunitario destruye las plaquetas), la hepatitis (inflación del hígado), el herpes Zoster (El herpes zóster, ocasionado por el mismo virus de la varicela, es una infección viral que causa una erupción dolorosa similar a la varicela) o la meningitis (inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal) si son más graves. Sin embargo, menos la artralgia que es más común, todos estos efectos adversos, tienen una incidencia muy muy baja (menos de un 0,1 % de los vacunados), por lo que son casos muy raros. Por ello, la conclusión de este estudio es que las vacunas son muy seguras y protegen contra enfermedades infecciosas a la población general que de otro modo tendrían una prevalencia mucho más elevada.
Un artículo más que merece la pena mencionar es uno publicado en la revista “Journal of Vaccines & Immunology” del año 2024 (Rella S, Brooks BD (2024) Rethinking Risk of Adverse Events in Vaccination. J Vaccines Immunol 9:1115) en el que se analiza la incidencia de efectos adversos graves, como la miocarditis, el síndrome de Guillain-Barré (SGB) y el síndrome de dolor regional complejo (SDRC), tras la vacunación, comparándolos con las tasas de incidencia tras infecciones naturales. Se utilizaron datos Sistema Integrado de Notificación de Reacciones Adversas a las Vacunas (VAERS), junto con diversos estudios epidemiológicos. Se recopilaron los eventos adversos tras la administración de las algunas vacunas recomendadas (COVID-19, VPH, herpes zóster, hepatitis B e influenza) y se compararon con los mismos aparecidos al haber pasado las enfermedades infecciosas que tratan. Los hallazgos del estudio revelan que los efectos secundarios graves de las vacunas son extremadamente raros y ocurren con una frecuencia mucho menor en comparación con las complicaciones de las enfermedades que se pretenden prevenir. Se remarca también la importancia de la monitorización continua de la seguridad de las vacunas, abogando por campañas educativas específicas que detallen el riesgo real de la vacuna frente a la infección, y por una comunicación transparente para combatir la reticencia a vacunarse y fortalecer la confianza pública en la vacunación como piedra angular de la salud pública.
- ¿Y qué ocurre con las consecuencias de la vacuna del COVID19? ¿Es realmente más peligrosa esta vacuna que el resto por el hecho de haberse desarrollado en menos tiempo?
La respuesta a esta pregunta es clara y contundente: NO. De hecho, la vacuna del COVID19 es sin lugar a duda la vacuna más fiscalizada de la historia. Hay multitud de estudios científicos analizándola e investigando sus posibles efectos adversos a corto, medio y largo plazo y en todos los casos se asegura que los beneficios están muy por encima de los riesgos. Podemos mencionar algunos de estos estudios para dar datos concretos.
Por ejemplo, en el artículo anterior (Rella S, Brooks BD (2024) Rethinking Risk of Adverse Events in Vaccination. J Vaccines Immunol 9:1115) se dan detalles de la incidencia de la miocarditis (inflamación del miocardio, que es el músculo cardíaco) tras haber sido vacunado con la vacuna del COVID19 y los resultados revelan que existe un riesgo de hasta 1800 veces mayor de sufrir miocarditis al infectarse de COVID19 que por la vacuna.
Otro artículo ya solo centrado en la vacuna del COVID19 y publicado en “NPJ vaccines” concluye que, con la evidencia disponible, la vacunación con ARNm (las de Pfizer y Moderna, por ejemplo) contra la COVID-19 se asocia con un mayor riesgo de miocarditis, pero a un nivel mucho menor que el riesgo asociado con la infección por COVID-19, lo que reitera una clara relación beneficio/riesgo positivo para las vacunas con ARNm contra la COVID-19. Es decir, al vacunarse sube el riesgo de tener miocarditis, pero el riesgo sube mucho mas si te infectas de COVID19 sin estar vacunado.
En general, otros estudios consultados concluyen lo mismo: los síntomas más comunes son los típicos de cualquier vacuna tras ser administrado (dolor local en la zona del pinchazo, fiebre, escalofríos, dolor articular) y también existe un riesgo no nulo de desarrollar ciertas dolencias más graves después de la vacuna como miocarditis, pericarditis (hinchazón e irritación del tejido delgado en forma de saco circundante al corazón) o síndrome de Guillain-Barré, pero este riesgo asociado a la vacuna es mucho más pequeño que el riesgo de desarrollar la misma dolencia al infectarse de COVD19 sin estar vacunado. Los resultados avalaron una vacunación masiva en la época más dura de la pandemia y siguen avalando la vacunación actual de personas vulnerables (mayores de 65 años y personas inmunodeprimidas).



